martes, 5 de julio de 2011

El terror, y las asfódelas...

Parece perpetuo el insomnio, y las complejas ilusiones que provoca la noche cayendo sobre los árboles, la blanca luz de la luna derramada sobre las hojas y los troncos, el viento tranquilo como siempre, y los animales deambulando como guardias sobre el campo, hipnotizante paisaje que se ve tras la pequeña ventana de la habitación, como el preludio de un evento petrificante, de pronto unos sollozos se escuchan a lo lejos, como el gemido de un alma pidiendo piedad, como el sonido que emiten aquellos que sufren y que los corroe la tristeza, pero, extrañamente no me siento desconcertado por él, solo me quedo sentado recargado sobre la pared, como esperando que algo apareciera, la noche se quedo tranquila nuevamente, y mi calma me asombraba, pues no era natural de mi esperar, para averiguar el origen de esos ruidos extraños, quería ver la luz de la habitación, pero no podía mover mis piernas , no podía mover ninguna parte de mi cuerpo, solo podía parpadear y respirar, respirar el gélido aire de la habitación, fue entonces cuando regrese la mirada a la ventana, esperando una respuesta, esperando... esperando...

Desesperación e intriga residían en mi, solo con mis ojos abiertos de par en par esperando ver algo en la ventana, que súbitamente cambio su aspecto, ya no se escuchaba ningún ruido, ya no veía a los animales ni la luz blanca de la luna, solo oscuridad, solo pequeñas distinciones entre las siluetas, figuras sin contraste, solo una amarga oscuridad, mi aliento se secaba y mis pupilas por el afán de querer ver más allá se dilataban, como si mis ojos quisieran salir de sus cuencas, solo para ver más allá, y ese silencio, nunca lo olvidare, un silencio que parecía ahogar el sonido de mi respiración, que parecía ahogar el sonido de mi corazón, un silencio espeluznante  que parecía traer la muerte consigo, y esas brisas frías tan frías como si estuviera a lado de Virgilio caminando por el Cocito, y sentía la mirada penetrante de aquellos pecadores, enterrados vivos en sus eternas tumbas de hielo, y, a pesar de todo esto, el miedo no me invadía...



Solo pensaba en la eternidad del momento, solo pensaba en poder ver la luz, en desvanecer esta obscuridad, en romper ese silencio, en salir de esta situación, en dejar de sentir esas miradas, en no sentir esas presencias, y de pronto, solo empecé a pensar en nada, ya nada importaba, solo quería saber porque sucedía esto, solo quería ver ''algo'', oír ''algo'', saber ''algo'', pero era inútil, cerré mis ojos esperando el final, esperando, esperando...



De pronto un olor de flor, un olor que me hacia recordar a los asfódelos del jardín, flotaba en el viento, que dejo de ser frio, dejo de ser brisa para estar calmado, inmóvil, no quería abrir mis ojos pues me sentía en paz con ese olor familiar, recordaba mi infancia, y se iba de mi la desesperación y la intriga de saber lo que sucedía, solo quería paz, después percibí en mi rostro la sensación cálida e iluminada de los rayos del sol cuando lo miras de frente con los ojos cerrados, caía en la serenidad de mis recuerdos...

De pronto sentía que Érebo se alejaba de mi existencia, y solo quedaba el silencio, que se rompía lentamente con el llamado de un ánima, mis ojos parpadearon antes de abrirse por completo, para ver frente a mí, para ver a través de la ventana, solo un desesperado pasaje, lleno de una atmosfera aterradora, que solo me concentraba a describirla, que solo sembraba en mi el miedo y el terror, que solo reducía mis sensaciones pasadas a una alucinación de mi mente, llenando de mentiras lo que aparentaba ser verdad, destruyendo la fantasía por una realidad fétida y podrida, solo podía explicar los sollozos que escuchaba con la perturbadora imagen de aquella mujer...

''Esto me perseguirá por toda la eternidad...'' me dije a mi mismo, contemplando el horror y el sufrimiento de aquella mujer, queriendo mover mi cuerpo, queriendo gritar, deseando poder salvarla de aquella tortura, solo podía ver sus harapos ensangrentados escurriendo por el marco de la ventana, solo podía oler ese aroma desagradable que parecía salir de sus gangrenadas heridas, solo podía ver como su rostro se ensangrentaba por las cuencas vacías de su cráneo, y al exhalar uno de sus monstruosos gemidos de dolor, vi el muñón donde solía estar su lengua, ''es una mentira, no puede ser verdad...'' pensaba mientras observaba aquella desesperada escena, desencadenando en mi la realidad, observando con atención mi alrededor, y esperando mi turno para pasar...

''El siguiente perro, donde esta...'' fueron las palabras que escuchaba a través de la ventana, de pronto se escucho el sonido de una puerta abriéndose a mi lado, y sentí el como arrastraban mi cuerpo a través de la habitación por un pasillo lleno de puertas obscuras matizadas con sangre, lleno de gritos desesperados, ansiosos de salvación, vacio de toda esperanza, salía por un portón grande sin poder mover ninguna parte de mi cuerpo, petrificado, solo podía ver, y trataba de recordar porque estaba ahí, mientras veía frente a mí la sombra infinita de un juez con una túnica roja carmesí, diciendo culpable y señalándome, como si cada palabra fuera un clavo de mi ataúd siendo clavado lentamente, y solo podía recordarme diciendo la palabra ''libertad'' en una calle llena de personas alabando mi discurso, recordé como me arrestaban por dictaminar al dictador la exigencia de libertad, y recordé la sensación de las agujas penetrando mis venas, ahora sabia todo...

Afrontando mi destino, hice un esfuerzo por decir una palabra, que al parecer a nadie importaba, ¿a quién le importunaría la palabra de un moribundo?, solo dije entre sollozos la palabra ''libertad'' mientras un verdugo tomaba mi mandíbula y apretaba con unas pinzas de hierro al rojo vivo mi lengua, cortándola de un tajo con un cuchillo curvo y afilado, y sacando mis ojos poco a poco, dolorosamente, y yo solo repetí una palabra ''libertad'', mientras mi cuerpo era cortando con una daga putrefacta, y yo solo podía repetir la palabra ''libertad'', solo pensaba esa palabra mientras era arrastrado a una zanja, y mientras caía, todo el dolor se desvanecía, y volvía aquel olor... aquel olor a flores asfódelas...

No hay comentarios:

Publicar un comentario